La nada

Hace un rato ya que entramos en el continente.
Los pozos de petróleo prenden fuego al Mar Caribe bajo la atenta mirada de la Cruz del Sur, guardiana de la entrada al otro hemisferio.
Dejamos Isla Margarita a la derecha y llega la nada.


Millas y millas de nada. Nada conocido pero todo un universo desconocido.
Alguna pequeña población reluce amarillenta, a punto de apagarse, como si estuviera muriendo en medio de la nada. La nada verde.


El próximo aeropuerto practicable es Iquitos, ya en Perú, pasada la frontera con Colombia.


Hago de relee a un American, ha perdido contacto radio con Maiquetía. Me pregunta a dónde vamos, de dónde venimos, charlamos. Los dos tenemos todavía un largo camino. Cualquier conversación se agradece en medio de la nada.

La Vía Láctea y la Cruz del Sur


Se acaba de poner la luna, solo quedamos despiertas la Cruz del Sur, sus amigas, que cada vez son más, y yo.


Perdemos contacto con Maiquetía, que suena en la lejanía como si el tipo estuviera en un chamizo con una enorme antena redonda en el techo de paja, en medio de la nada.

Busco el sur, trazo la línea perpendicular entre los dos punteros: Alfa Centauri de la constelación Centauro y Hadar. Esta línea se tiene que cruzar con la prolongación del crucero horizontal de la Cruz del Sur. Donde se encuentren, ahí es … el sur.

Hace rato me crucé con otro Iberia que iba de vuelta a casa. Nos damos las luces, pasamos a 123,45 en VHF ¡Qué bendición hablar por la radio con una amiga y saludar a dos amigos! Como si nada, a las cinco de la mañana, cruzándonos aquí colgados en medio de la nada.
Me da energía para las cinco horas que me faltan.


-No tienes sueño? Me pregunta el jefe. No, estoy fascinada.

No puedo dormirme con este espectáculo ahí fuera. Cada vez son más las amigas que se unen a la fiesta.

Veo tres estrellas fugaces, pido tres deseos diferentes. Voy a diversificar, pienso. A la que deja la estela más bonita le pido el deseo más complicado de alcanzar. Ya os contaré si se cumplen.

La nada verde que resulta que lo es todo, la madre Amazonas.

Hoy los Andes están cubiertos de manchas blanquecinas que me recuerdan a la galaxia de Andrómeda.

Lima refulge dentro de una nube anaranjada al fondo a la izquierda.
Y por fin amanece a mis espaldas.

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